Soportan toluqueños el frío por unos cuantos litros de gasolina

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Las noches han sido frías en las hileras de la estación de Paseo Matlazincas. Un pedazo de cartón y un café caliente ha sido el mejor remedio para aminorar la espera.

Los cuerpos se mantienen arrullados con cobijas, chamarras que cubren la mitad de los rostros, sentados sobre sus galones que llevan dos días sin poderse llenar.

Aquí nos hemos dormido, sentados con esta cobijita, allá está mi garrafón en la fila.

-¿Y no se ha ido a su casa?”, se le cuestiona.

“¡No, para nada, ¿y si nos vamos y llega la gasolina? No va a valer la pena la espera”, enfatiza la mujer de 51 años de edad.

La estampa de cuerpos cansados y atrofiados por el frío, se repite en Matlazincas y otros puntos a las afueras de Toluca donde se han abierto las estaciones de abasto de combustible. La crisis no tiene fecha, ni la espera tiene tiempo de cansarse.

El desabasto ha desplazado a los ciudadanos a las calles. En las filas se miran mujeres con bolsos, maquilladas y tacones, pues nadie programó esperar tantas horas. Ancianos con sombrero que llegan desde las rancherías de Villa Victoria y se desplazan más de 80 kilómetros para llegar a una estación de abasto.

“Venimos desde Temoaya, traje mi garrafoncito porque no podemos mover los tractores”, explica doña Paula, quien se mantiene a un lado de una gasolinería desde el miércoles por la mañana.

Aunque los anuncios oficiales del Gobierno federal han sido reiterativos en las conferencias de prensa matutinas del Presidente Andrés López Obrador, el mensaje es poco verosímil para los que esperan en las filas.

El usuario ha pasado tres días durmiendo a bordo de su coche, un viejo Estratus color gris que le regalaron en la empresa donde se jubiló el año pasado.

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